Esta cosa está arrasando en las redes. Te contamos por qué

En el Citroën AMI, 100% eléctrico, nada es como te lo esperas

Por Marta García

Se suele decir que si la primera vez que ves un Citroën no te quedas estupefacta, es que no es un Citroën. En el caso del AMI pasa exactamente eso. Deja paralizada. Lo primero, por su aspecto. Lo segundo, porque nada es como te lo esperas. Y lo tercero, porque no sabes si va o viene. Es prácticamente igual por delante que por detrás, por la derecha que por la izquierda…

En realidad, el AMI es un cuadriciclo eléctrico con muchos kits y artilugios que le puedes ir añadiendo. Los de Citroën se niegan obstinadamente a decir que no es un coche y prefieren asociarlo a un concepto de movilidad, pero lo cierto es que tiene cuatro ruedas, un chasis, ventanillas, motor 100% eléctrico y todos los ingredientes de un automóvil… aunque a su manera.

El motor sí es un propulsor alimentado por baterías. Pero solo permite alcanzar los 45 km/h y no requiere permiso de conducir, sino que se puede llevar a partir de los 15 años con licencia de ciclomotor como en su día pasaba con el Renault Twizy. No es difícil imaginar que gran parte de sus usuarios serán adolescentes que viven en urbanizaciones del extrarradio.

También apostarán por este coche –perdón vehículo–, las personas que vivan en el centro de las ciudades y algunos usuarios del entorno rural que suelan hacer trayectos cortos. Plantearse otro uso para el AMI es una equivocación porque ni tiene maletero ni hay ninguna intención de que lo tenga en posibles versiones futuras.

Desecha, pues, la idea de pisar el asfalto de una autopista con este automóvil –perdón concepto de movilidad– porque la legislación lo prohíbe. Pero tranquila, toma nota de lo que hacen los teenagers porque saben recorrer decenas de kilómetros sorteando autovías. Oficialmente, da 75 km de autonomía gracias a una batería de ion-litio que, esto es lo mejor, se carga de 0 a 100 en tres horas en un enchufe doméstico.

No esperes en el AMI el confort de un utilitario, pero sí mucho más de lo que ofrecía el Renault Twizy. A diferencia de aquel, el AMI tiene puertas y cerradura de verdad, pero con unos tiradores un tanto peculiares: son cinchas de loneta que liberan resortes.

Es este otro apartado donde hay que revisar conceptos ya interiorizados como las ventanillas con accionadores automáticos para abrirlas y cerrarlas. Las del AMI no son así; recuerdan a aquellas que montaba el 2CV, con un cristal dividido horizontalmente y abatible hacia arriba por la parte exterior. Era absolutamente eficaz y baratísimo de construir, lo mismo que muchos otros elementos del AMI –disculpas, vehículo– como los asientos sin ningún tipo de mullido, la ausencia de climatización, o el hecho de que la simetría de la forma de las puertas permita montarlas indistintamente en la parte derecha o izquierda de este… ¿coche, automóvil, concepto de movilidad…? Sea lo que sea tiene apenas 250 componentes y un peso de 470 kg, frente a los 990 que pesaba el Citroën AMI de 1968. Aquel era un modelo –este sí que era un coche de verdad– que se caracterizaba por tener el pilar C y la luneta trasera en forma de Z. Su diseño, obra de Flaminio Bertoni era tan estrafalario que, solo de la versión AMI 6, se lograron vender un millón de unidades porque era tan diferente, tan especial, tan único como lo es el AMI que llega ahora a tu ciudad a partir de 6.900 euros. Porque recuerda que si la primera vez que ves un Citroën no te casua sorpresa, es que no es un Citroën.