¿Estás segura de que prefieres conducir?

El soporte para tabletas que lleva el Citroën C4 en la guantera te hará dudar de si ponerte a los mandos del coche o ver tu serie favorita en un dispositivo

Citroën ha diseñado uno de esos artilugios que hacen fácil la vida a bordo. Se trata de un soporte para tabletas que se puede adaptar a todo tipo de dispositivos. A las ventajas obvias de la comodidad, hay que sumarle las de la seguridad porque todos los objetos que están sueltos en el interior de un vehículo se convierten en armas arrojadizas en caso de impacto. Pero, al margen de esto, el sitio natural de este coche es el puesto de conducción. Ahí es donde disfrutaras de este modelo que ya ha cumplido dieciocho años de vida con sus consiguientes actualizaciones. La última, esta en la que ha sucumbido a la tendencia de los SUV. No es que lo sea realmente, pero se acerca bastante porque ha elevado la carrocería respecto a las generaciones anteriores. Ahora, la distancia al suelo es de 15,6 cm y aunque no es tan alta como la de los SUV puros, que suelen tener una distancia al suelo en torno a los 17 cm, sí suponen una declaración de intenciones de la imagen que quiere dar. Y para reforzarla, se inspira en los bumper del C4 Cactus, aquellos aditamentos de plástico que lleva en las puertas laterales que tanto éxito tienen. Ahora, ese recurso se traduce en que los pasos de rueda están recubiertos por unos protectores de plástico de color negro, al igual que la parte inferior de las puertas y los paragolpes. ¿Son realmente necesarios o es más una cuestión estética?

El Citroën C4 no tiene un espíritu realmente aventurero. Ni tracción a las cuatro ruedas ni nada excepto su carrocería de SUV coupé que tanto se lleva. Es cierto que su altura libre al suelo le permite ciertas veleidades a la hora de moverse por una pista, pero la verdad es que donde mejor se encuentra este coche es en el asfalto. Y para ello recurre a una solución singular. El sistema de suspensión que utiliza se basa en un esquema de muelles y amortiguadores con un tope hidráulico que minimiza las brusquedades y rebotes de otras opciones.

No es la primera vez en la historia de Citroën que la suspensión da carácter a uno de sus vehículos. Ya en 1955, el Citroën DS incorporaba una suspensión hidroneumática para dar respuesta a la tortura que suponía trasladarse por la maltrecha red de carreteras francesas de entonces. Ahora, aunque las vías afortunadamente han evolucionado, el Citroën C4  sigue con el mismo mantra a pesar de que sus soluciones levantan pasiones a favor y en contra. Entre los primeros, los que defienden su comodidad. Entre los segundos, los que critican un excesivo balanceo de la carrocería en las curvas, sobre todo cuando su motor de tres cilindros y 131 caballos va al máximo de la velocidad permitida.

Este tipo de motores tricilíndricos adquirió cierta popularidad en los años 80 gracias a Suzuki y Alfa Romeo, pero pasaron a un segundo plano por su pobre rendimiento. Con los años se han ido perfeccionando y, aunque no son mecánicas con aspiraciones deportivas, vuelven a la palestra por su bajo coste de utilización y mantenimiento. Además, al ser más pequeños que los cuatro cilindros, bajan el peso del coche, y por tanto el consumo, y liberan espacio que aumenta la habitabilidad.

En el caso del Citroën C4 1.2 Puretech que condujimos, esta ganancia de espacio, independientemente de la altura del conductor, permite una postura de conducción cómoda porque tiene muchos reglajes, algunos de ellos eléctricos, e incluso una función de masaje. También en las plazas traseras la habitabilidad es buena, con suficiente espacio para las rodillas, aunque la altura al techo, debido a su forma de coupé no es destacable.

Vayas sola o con las cinco plazas al completo, ten por seguro que si lo que quieres es viajar, este será un buen compañero de viaje, vayas en el asiento del conductor o en del copiloto jugando con tu tableta.