¿En cuál de los dos hace más calor? Mitos del aire acondicionado

Ni los coches más oscuros son peores ni activar el aire acondicionado al máximo  es la opción más lógica.

Por Marta García

Subirse a un coche a mediodía es una tortura de no ser por los sistemas de refrigeración. Pero, ¿los utilizas debidamente?

En verano, cuando aparcamos al sol, la temperatura interior de nuestro coche puede alcanzar los 60 grados. Los asientos queman, imposible tocar el volante… La primera reacción es encender el sistema de climatización al máximo para refrigerar cuanto antes el interior, pero, ojo, esta no es la opción más lógica.

“Lo más aconsejable es evacuar el aire del interior de forma lo más natural para evitar el consumo de energía del compresor del aire acondicionado. Imagina, por ejemplo, que el interior del coche está a 60 grados y la temperatura exterior es de 35º. Lo lógico es que intentes bajar esos 60º hasta los 35º de la calle antes de activar cualquier sistema de refrigeración”, explica Eva Villar, proyectista de Sistemas de Climatización de Seat. “Además, al bajar inicialmente la temperatura de forma natural se alcanza antes el confort deseado.

Lo más eficiente es abrir las ventanillas con el ventilador del climatizador activado para sustituir el aire de dentro por otro más fresco. También es muy útil bajar la ventana de acompañante, y abrir y cerrar la puerta del conductor varias veces para producir un efecto de bombeo que saque el aire caliente”.

Los fabricantes sugieren fijar el sistema de climatización a 22º como una referencia que puede satisfacer a la mayoría de los conductores, pero siendo conscientes de que el grado de confort climático varía en función de cada persona. Una vez elegida la temperatura, orienta las toberas de aireación hacia arriba.

“Cuanto más lejos queramos tener la temperatura interior del coche respecto a la exterior, más gasto energético vamos a tener”, advierte Eva Villar.

La refrigeración de los automóviles no es un invento reciente. Los primeros pasos se dieron en los años 30 del siglo pasado, cuando Kelvinator en colaboración con General Motors elaboró un complejo sistema que, además, tenía limitada su capacidad de refrigeración. Los estudios del momento sostenían que un diferencial entre la temperatura interior y exterior superior a los 5.6 grados podía generar un shock a los ocupantes del vehículo.

El primer automóvil que incorporó un sistema algo similar al de los actuales fue un Packard de 1934 que ofrecía este equipamiento por 274 dólares de la época. Poco a poco los aires acondicionados fueron mejorando con compresores más potentes, toberas de aireación y regulaciones más eficaces.

Hoy, permiten climatización independiente para cada uno de los ocupantes de la cabina, filtros de polen…

“La función de recirculación del aire, por ejemplo, evita el aire de entrada de la calle y permite seguir climatizando el aire del interior del habitáculo. Esto es muy útil en los primeros minutos porque enfría un aire que cada vez está más frío. También reduce el consumo de energía”, dice Eva Villar.

Pero mientras llega el invierno todas las precauciones son pocas. Es conocido que aparcar a la sombra y utilizar cortinillas parasol es de gran ayuda, pero hay otros mitos sobre la temperatura en el interior de los automóviles que no se corresponden con la realidad.

“Aunque todos pensamos que un coche negro se va a calentar más que uno blanco, no es así en el interior. Puede que la chapa esté quemando, pero la cabina está protegida por una serie de revestimientos, aire y aislantes que lo protegen en gran medida. De hecho, lo que verdaderamente influye en la temperatura interior de un coche son los cristales. Si son tintados o con filtro de calor evitarán el sobrecalentamiento interior. Hay que tener en cuenta que las altas temperaturas que se alcanzan a bordo se producen por el efecto invernadero de los rayos del sol que le llegan al coche y que luego no pueden salir. Por eso da igual un color calor u oscuro de la carrocería”.