El misterioso truco de Volkswagen para consumir menos

El Golf 8 es el que menos gasta de la historia y sabemos por qué.

M.G.
Desde que los automóviles empezaron a llevar catalizadores de forma obligatoria a mediados de los 80, los consumos dejaron de ser lo que eran.  Desde entonces, los ingenieros se han estado rompiendo la cabeza para recuperar las cifras de los años dorados, aquellas que solo eran posibles porque los coches pesaban poco y la ecología preocupaba menos.

Se barajaron muchas soluciones, el microsizing mecánico, la desconexión de cilindros, los combustibles verdes…Y llegó la hibridación en 1997. Parecía que iba a ser la solución definitiva… hasta que la evidencia de las cifras de consumo desmitificó el milagro en conducción por carretera. Las restricciones medioambientales no hicieron más que complicar el panorama y la electricidad se convirtió en la más que probable alternativa de futuro, pero ¿y mientras llegaba el futuro?

La microhibridación se erigió en el eslabón perdido entre la electricidad y los carburantes. Hoy es la fórmula que está permitiendo a las marcas ofrecer cifras de consumo razonables, como los 5,7 litros a los 100 del Volkswagen Golf de gasolina de 150 CV y 1,5 litros de cilindrada. El truco está en acoplar un pequeño motor eléctrico de 48 V que envía a la batería la energía extra que se origina en las frenadas y deceleraciones. ¿El resultado? Una reserva energética que puede ser utilizada en momentos de mayor demanda de potencia.

Con esta solución, el Golf, modelo prestacional donde los haya, se convierte en un vehículo con etiqueta ECO en España sin la necesidad de renunciar a su ADN.

Con más de 35 millones de unidades vendidas, su llegada al mercado en 1974 para sustituir al icónico Escarabajo o Beetle fue todo un reto para VW, que se la jugó pasando de un coche con motor y propulsión traseros a uno de motor y tracción delanteros. Diseñado por Giorgetto Giugiaro, el Golf fue el creador del segmento de los compactos, con una longitud inicial de 3,82 metros. Hoy, mide 4,28 y se ofrece con las carrocerías de 5 puertas y Variant (familiar o ranchera). La versión de tres puertas, como en la mayoría de los fabricantes, ha desaparecido en esta octava generación en la que, sin embargo, se ha hecho una apuesta fuerte por el sistema de infoentrenimiento. ¿Mi opinión? Demasiadas funciones a través de la gran pantalla que domina el salpicadero y un sistema que a veces va da la sensación de que va a su aire. De todas ellas, destaca el sistema Car2X que conecta entre sí todos los coches que incorporen esta tecnología. Su misión es la de avisar de forma automática de las incidencias que pueda haber en la vía. Es en realidad, como una especie de Waze sofisticado, pero con la ventaja de que no requiere interacción humana y que se conecta también con las infraestructuras… cuando las infraestructuras tengan algo que comunicar, claro.

El Golf 8 está construido sobre la misma plataforma MQB del Golf 7, aunque con una ligera evolución. Ahora se denomina MQB Evo, tiene una dirección con un tacto algo más directo y es más cómodo de suspensión. Cuando el coche comienza a rodar, ese pequeño alternador de 48 V que incorpora ayuda especialmente en las salidas desde parado y al circular a baja velocidad porque su potencia se suma a la del de gasolina y permite ganar velocidad con mayor soltura y mejores aceleraciones. O sea, produce ese placer de conducir que solo los que ya se hayan puesto al volante de un Golf conocen.